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Entre los órganos de los sentidos el ojo destaca por su gran agudeza. El ojo del ave muestra una admirable adaptación telescópica para las diferentes distancias a que pueden encontrarse los objetos. La gran agudeza visual de las aves se manifiesta por la presencia de estructuras especiales en la retina, como son las "áreas", zonas de máxima concentración de células visuales, y las "fóveas", que son adelgazamientos de la retina que sólo presentan conos. El ojo de una ave tiene, además de los dos párpados, la membrana nictitante, que es una especie de tercer párpado que funciona de un lado a otro, desde el ángulo interno al externo, y cuya función es limpiar la superficie del globo ocular. La posición que ocupan los ojos en la cara varía según la especie, la posición más común es la que tienen la mayoría de las aves, que tienen los ojos en los lados de la cara, lo que les permite tener un área visual muy amplia. Otras especies, como búhos y lechuzas, tienen los ojos situados frontalmente, con gran cantidad de bastones, que les permite tener visión estereoscópica para localizar a sus presas.

El oído también goza de gran eficacia, sobre todo en las especies de costumbres nocturnas. Los oídos son simples orificios, sin pabellón externo, que están protegidos por las coberteras auriculares. Están situados detrás de los ojos, salvo en los casos de la chocha perdiz y la agachadiza que los tienen debajo. Pero es en las especies nocturnas en las que el oído está desarrollado en grado sumo. En las estrigiformes son muy grandes, presentando en el exterior notables repliegues de piel.

El sentido del olfato, salvo en algunas excepciones, no está muy desarrollado en las aves. Las "narinas" (cada uno de los orificios nasales externos) se abren siempre en el pico. En algunas especies las aberturas nasales se encuentran en un abultamiento llamado cera. Por lo general los orificios nasales se encuentran en la base del pico, aunque hay especies, como la grulla, que lo tiene situado hacia la mitad, o incluso en la punta (como es el caso del kiwi).

 

Proporcionalmente las aves tienen los ojos más grandes que los mamíferos; Un ejemplo: el tamaño del ojo en el hombre supone el 1% de su volumen craneal, mientras que en un estornino dicho volumen equivale al 15%. Pero esto conlleva unas limitaciones en la movilidad de los mismos, de modo que, salvo algunas excepciones como el cormorán grande, apenas pueden mover los ojos.

Oído.

El oído también goza de gran eficacia, sobre todo en las especies de costumbres nocturnas. Los oídos son simples orificios, sin pabellón externo, que están protegidos por las coberteras auriculares, las cuales están controladas muscularmente permitiendo guiar los sonidos hacia el canal auditivo. Están situados detrás de los ojos, salvo en los casos de la chocha perdiz y la agachadiza que los tienen debajo. Pero es en las especies nocturnas en las que el oído está desarrollado en grado sumo. En las estrigiformes son muy grandes, presentando en el exterior notables repliegues de piel. En las aves acuáticas también existen dichos repliegues de piel, pero en estos casos sirven para cerrar el conducto auditivo cuando se zambullen y de esa forma evitar daños en el oído por la presión del agua.

Olfato.

El sentido del olfato no está muy desarrollado en las aves, salvo en algunas excepciones como aves marinas, piscívoras o carnívoras que se sirven de él para localizar el alimento. Las "narinas" (cada uno de los orificios nasales externos) se abren siempre en el pico. En algunas especies (las palomas por ejemplo) las aberturas nasales se encuentran en un abultamiento llamado cera. Por lo general los orificios nasales se encuentran en la base del pico, aunque hay especies, como la grulla, que lo tiene situado hacia la mitad, o incluso en la punta (como es el caso del kiwi). 

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