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La primera ave que apareció sobre la tierra fue el Archaeopterix lithographica, que vivió en Europa hace unos 140-150 millones de años, hacia finales del Jurásico. Su nombre viene del término "archaeopterix" (ala antigua), y de la piedra calcárea empleada como litográfica de imprenta donde aparecieron sus restos.

Al parecer, por los restos que nos han quedado, esta primitiva ave era del tamaño similar al del cuervo actual. Los músculos pectorales de esta especie eran débiles, de lo que se deduce que no debió de ser un excelente volador. A esto se le añade la robustez de las patas y la larga cola (compuesta de 23 vértebras), como la de los reptiles pero emplumada. Su pico estaba dentado.

Hay quienes piensan que el archaeopterix fue un ágil corredor, los que así piensan se basan en la robustez de las patas. Para éstos, el hecho de tener emplumadas las extremidades superiores se debía a facilitar la captura de insectos a la carrera, por lo que las alas serían accesorios meramente de apoyo, no de vuelo.

Otros consideran al archaeopterix como un reptil saurisquio arborícola que al saltar de rama en rama encontraba una mayor sustentación cuando las plumas eran más largas. Para éstos el archaeopterix no volaba, sino que planeaba sirviéndose de alas y cola.

Lo que no parece plantear dudas es el hecho de que esta ave fuera capaz de trepar por árboles y rocas, pues así lo indica la presencia de tres robustas uñas en los dedos de la mano.

El hallazgo de los primeros restos fósiles de esta especie se llevó a cabo en la región de Baviera (Alemania). Al parecer, debido al estallido de un violento temporal dos ejemplares de archaeopterix se vieron arrastrados por los fuertes vientos hacia el interior de un lago lejos de la orilla, donde se ahogaron. Sus restos quedaron depositados en el fondo de la laguna, donde quedaron sepultados rápidamente. Con el paso del tiempo, el lodo que los sepultó se convirtió en roca de tipo calcáreo. Todo ello favoreció la fosilización de los esqueletos, de ahí que se encontraran en un óptimo estado de conservación. En la roca quedaron grabados no sólo el esqueleto del ave, sino lo que fueron sus plumas. El estudio de estos restos fósiles sirvió para realizar una reconstrucción bastante aproximada de lo que fue el primer ave, aunque presentaba características extremadamente primitivas.

En 1990, se encontró en la provincia china de Liaoning el fósil de una ave cuyo tamaño era similar al de un Gorrión, y cuya antigüedad se estima entorno a 10-15 millones de años posterior a las primeras aves. Presentaba las alas y la cola similares a las existentes, aunque sus costillas, pelvis y extremidades posteriores eran aún primitivas.

Aves fósiles también han aparecido en España, concretamente en la ciudad de Cuenca. En el año 1998, se hallaron restos procedentes del Cretácico inferior (entre 120-130 millones de años). Huesos del hombro y la cola idénticos al de las aves, pero con la pelvis y las extremidades posteriores muy primitivas.

En el Cretácico (hace 60-125 millones de años) vivieron los Hesperornithiformes (Hesperornis) y los Ichthyornithiformes (Ichthyornis), especies piscívoras similares a los actuales láridos y gávidos que habitaron en norteamérica. El Heperornis fue un ave que se especializó en la vida acuática. Al renunciar al vuelo sus alas quedaron reducidas a pequeñas protuberancias. Se piensa que era un gran nadador, sirviéndose para tal efecto de sus robustas patas; pero en tierra debía de desenvolverse con dificultad. Su pico, al igual que el del Archaeopterix, estaba dotado de dientes. Por su parte, el Ichthyornis era un ave de tamaño similar al del actual gorrión. Su aspecto ya era como el de un ave moderna, a excepción del pico que estaba dentado.

A finales del Cenozoico todos los órdenes actuales ya estaban representados.


GRANDES AVES ACUÁTICAS ANIDABAN EN LA BURGALESA SIERRA DE ATAPUERCA HACE UN MILLÓN DE AÑOS

(Artículo aparecido en el Diario de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, núm. 6).

En un completo estudio realizado por el paleontólogo Antonio Sánchez Marco sobre los restos fósiles de aves de la península Ibérica, cuyo avance se ha publicado en la revista "Quercus" como guía de una exposición en el Museo de la Castellana, se afirma que el entorno de la sierra de Atapuerca (Burgos) era en el pasado muy rico en grandes charcas y cursos de agua. Antonio Sánchez, científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales de CSIC, ha analizado las aves recuperadas en numerosos yacimientos que abarcan desde el Terciario hasta la actualidad, trazando la evolución de este grupo y de su posible entorno ambiental.   Una de las conclusiones más importantes del trabajo publicado en la revista "Quercus" es la demostración de que Iberia nunca estuvo sometida a fríos intensos. Las glaciaciones que azotaron buena parte de Eurasia durante el Cuaternario, y que cubrieron con casquetes polares Centroeuropa, apenas se notaron aquí, pudiendo caracterizar nuestro clima como templado y muy húmedo.

El trabajo de Sánchez Marco no ha sido fácil: los huesos de aves se conservan muy mal debido a que son huecos, a su pequeño tamaño, a la delgadez de sus paredes y a la llamativa ausencia de dientes; además, como el propio autor indica, las aves han evolucionado y se ha diversificado más en cuestiones de pelaje y comportamiento que en su estructura osteológica.

Las aves de Atapuerca llegaron a las cavidades sin intervención humana. En la época en la que se formaron los depósitos, los homínidos no habían desarrollado la complicada tecnología necesaria para la caza masiva de aves. Se cree que en estos momentos se accedía a lo sumo a la ingesta de huevos y a la frecuente recuperación de individuos aislados, posiblemente malheridos, aunque en algunos sitios se ha especulado con la posibilidad de la caza de aves tipo perdices o codornices.

Hallazgos interesantes en diferentes yacimientos de la Sierra de Atapuerca:

SIMA DEL ELEFANTE. En la época en la que los humanos llegan a Atapuerca, hace 1,2 millones de años en la Sima del Elefante, se identifican restos de pigargo, una gran rapaz que caza aves y peces en grandes lagunas y en las orillas de los mares, lo que indica que existían grandes masas de agua con poca cobertura arbórea.

GRAN DOLINA. Hace 800.000 años el bosque comenzaba a extenderse por la Península, manteniéndose los grandes ríos y charcas. Hay ahora, en la Gran Dolina, en su nivel 6, huesos de zorzales, chocha perdiz, papamoscas gris, escribanos, pinzones, ánades, polluelas, mirlo acuático y limícolas, en un ambiente algo más frío que en la Sima del Elefante, pero con tendencia a recuperarse.

GALERÍA. Poco después se produce una clara división climática, como la que vemos en la actualidad, entre una zona húmeda y boscosa en el norte peninsular, y otra seca, en el sur y el este. Ahora, en el yacimiento Galería, de hace unos 300.000 años, se reconocen ánades, limícolas, rapaces, y rálidos, como Rallus y Porzana. Las chovas, piquirroja y piquigualda, fueron abundantes. El paisaje arbóreo está de nuevo instalado, con temperaturas similares a las actuales. Este carácter boscoso se acentuará cuando se cierren las cuevas de la Trinchera.

HUÉRMECES. A pocos kilómetros de Atapuerca, en Huérmeces, hace menos de 100.000 años, las aves de bosque son mayoritarias, con muchas rapaces y anátidas.

El trabajo de Sánchez Marco no ha sido fácil: los huesos de aves se conservan muy mal debido a que son huecos, a su pequeño tamaño, a la delgadez de sus paredes y a la llamativa ausencia de dientes; además, como el propio autor indica, las aves han evolucionado y se ha diversificado más en cuestiones de pelaje y comportamiento que en su estructura osteológica.

Las aves de Atapuerca llegaron a las cavidades sin intervención humana. En la época en la que se formaron los depósitos, los homínidos no habían desarrollado la complicada tecnología necesaria para la caza masiva de aves. Se cree que en estos momentos se accedía a lo sumo a la ingesta de huevos y a la frecuente recuperación de individuos aislados, posiblemente malheridos, aunque en algunos sitios se ha especulado con la posibilidad de la caza de aves tipo perdices o codornices.

 

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HUÉRMECES. A pocos kilómetros de Atapuerca, en Huérmeces, hace menos de 100.000 años, las aves de bosque son mayoritarias, con muchas rapaces y anátidas.

El trabajo de Sánchez Marco no ha sido fácil: los huesos de aves se conservan muy mal debido a que son huecos, a su pequeño tamaño, a la delgadez de sus paredes y a la llamativa ausencia de dientes; además, como el propio autor indica, las aves han evolucionado y se ha diversificado más en cuestiones de pelaje y comportamiento que en su estructura osteológica.

Las aves de Atapuerca llegaron a las cavidades sin intervención humana. En la época en la que se formaron los depósitos, los homínidos no habían desarrollado la complicada tecnología necesaria para la caza masiva de aves. Se cree que en estos momentos se accedía a lo sumo a la ingesta de huevos y a la frecuente recuperación de individuos aislados, posiblemente malheridos, aunque en algunos sitios se ha especulado con la posibilidad de la caza de aves tipo perdices o codornices.

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