Dada la lógicas limitaciones de la visión humana, la observación de aves con un mínimo de apreciación requiere del uso de aparatos que refuercen y potencien la de por sí limitada visión humana. Entre los "artefactos" más utilizados para la observación de aves están los prismáticos y los telescopios, que en la actualidad se ofrecen en multitud de modelos con características y precios aptos para todos los gustos. Uno de los grandes dilemas a los que se enfrenta el observador es la elección del equipo óptico adecuado. Para ello hay que tener en cuenta una serie de detalles tales como el uso que queremos darlo (por ejemplo observación de aves acuáticas o esteparias, seguimiento de los pájaros de campiña, de bosques), el presupuesto con el que contamos (hay ópticas que varían entre los precios muy asequibles y los verdaderamente prohibitivos y desorbitantes), el diseño estético... Ante la duda de elección entre unos prismáticos o un telescopio terrestre podemos tener en cuenta el tipo de salidas que normalmente solemos realizar (es decir, si realizamos recorridos campestres dinámicos o si por el contrario montamos el hide y nos instalamos en un lugar concreto). Si solemos practicar las primeras (no paramos de ir aquí y allí) entonces unos prismáticos son los más prácticos, sobre todo por aquello del peso; por el contrario, si nuestro hábito es el de observar a la aves desde nuestro hide, entonces la elección de un telescopio nos permitirá tener un mayor campo de visión. Normalmente, el telescopio terrestre es un complemento de los prismáticos.

Prácticamente no hemos superado el primero de los dilemas y ya tenemos que enfrentarnos ante ¿qué modelo elegir? Bien sean prismáticos o telescopios la variedad de modelos (cada uno con sus características) es muy grande. Oculares de ¿cuántos aumentos?, lentes ¿fluoratadas o no?, ¿este diseño o aquel otro? Pues bien, salvo en el último de los interrogantes (que corre por cuenta del gusto personal), la limitación de poder elegir tal o cual modelo nos va a venir dado por el lado presupuestario. Lógicamente, una óptica de muchos aumentos con lentes de fluorita nos supondrá un desembolso mucho mayor que si elegimos un aparato de características inversas. Sin embargo, el hecho de no disponer de una cantidad de dinero tal no ha de imperdirnos podernos dar el gustazo de observar plenamente a las aves en el campo. Así pues, por ejemplo, para la observación de passeriformes en la campiña tampoco necesitamos un "bombazo" de ocular, sino que con unos prismáticos con 8-10 aumentos tenemos más que suficiente (en el caso del telescopio uno de la gama media con una lente frontal de 50-60 mm de diámetro y unos 20 aumentos). Ahora bien, si queremos observar aves acuáticas o esteparias, entonces el uso de telescopios dotados de una óptica potente es algo obligado (gamas altas provistas con lentes frontales de 77-100 mm de diámetro y unos 60 aumentos). Pero incluso llegado a este extremo (necesidad de un gran telescopio) aún podemos abaratar costes, por ejemplo, eligiendo un telescopio que no tenga lente de fluorita, eso sí, teniendo en cuenta que la mayor diferencia entre una óptica fluoratada y otra que no lo está se halla en que la primera permite la observación en situaciones límites de luz, por lo que si evitamos los días excesivamente nublados y los crepúsculos la diferencia entre ambas ópticas apenas se notará (también juega un papel importante la calidad de fabricación y el diámetro de la lente).

El trípode es un accesorio imprescindible para el uso de los telescopios de las gamas altas (algunos de las series medias son tan livianos que se pueden manejar sin problemas con la propia mano). Es aconsejable adquirir uno que sea especial para ornitología (a mayor peso mayor estabilidad en condiciones adversas tales como el viento). Asimismo, importante es también que tenga una buena altura (180 cm o más), ya que adquirir un trípode bajo nos obligará a inclinar el cuerpo cuando queramos enfocar, y cuando ya llevemos un rato...

Si el interés por la ornitología se complementa con la afición por la fotografía, entonces podemos aunar ambas acoplando una cámara fotográfica (tipo réflex) a nuestro telescopio por medio de un adaptador telefoto. Éste, lo que hace es convertir el cuerpo del telescopio en un poderoso teleobjetivo. Sin embargo, su uso tiene una serie de detalles y unas ciertas limitaciones que hemos de tener en cuenta. Algunos de ellos son:

Otro método de fotografiar aves que últimamente está ganando muchos adeptos es el conocido con el nombre de "Digiscoping". Esta modalidad consiste en acoplar una cámara digital directamente en el telescopio (sin la necesidad de utilizar el adaptador telefoto). La calidad de las fotografías gana de largo a las obtenidas a través del telefoto, pero esto se traduce en un desembolso de dinero importante. El mayor problema que uno se encuentra si se decice por esta forma de fotografiar es ¿cómo unimos la cámara al cuerpo del telescopio? Pues de momento, hay que buscarse la vida para acoplar la cámara (en lugar del ocular) al telescopio utilizando "medios/trucos caseros". Éste no es el único inconveniente, ya que al digitalizarse directamente las fotografías debemos poseer además un ordenador y, si se desean imprimir, una impresora con una decente calidad fotográfica (aunque nos ahorramos el escaner). Entre las ventajas, está que la fotografía obtenida se puede visualizar en ese mismo momento (en la propia pantalla LCD de la cámara), por lo que podremos elegir entre guardarla o eliminarla de inmediato (nos evitamos el tiempo de revelado). Además, aquéllo que aparece visualizado en la pantalla LCD es lo que quedará digitalizado.

En definitiva, que antes de decidirse por uno u otro modelo (bien sean prismáticos, telescopios, adaptadores telefoto, cámaras digitales, etc.) hay que pensarse detenidamente los pros y los contras de cada modelo y complemento, con ello evitaremos una elección incorrecta para nuestras necesidades, que casi siempre se traduce en una pérdida inútil de dinero. De cualquier modo, el propio observador es quien tiene la última palabra a la hora de su elección.